sábado, 19 de septiembre de 2009

A mis queridos y no tan queridos Profes


A ellos que tratan de estar de buen humor y sin embargo a veces los sacamos de las casillas. A ellos que siempre defienden a las chicas, a ellos que siempre defienden a los chicos y aquellos que no nos defienden porque nos equivocamos en serio.

A ellos que se levantan temprano y casi siempre de buen humor para enseñarnos no solo ejercicios nuevos sino también valores o “cosas de la vida”.


A mi profe de matemáticas, Mariana, que siempre nos dice que está más vieja que nosotros y sin embargo nosotros estamos más cansados que ella. A ella que nos explica muy despacio los ejercicios. A ella que te explica tantas formas de hacer los ejercicios en 10 minutos, que ya no sabes ni cuanto es 2 + 2.


A mi ex profe de matemáticas, Román, que siempre quiere todo perfecto, tanto que si un número le sale torcido, lo borra y lo vuelve a escribir. A él que dice que no hay que ponerle tanto color a la carpeta.


A su hermano, mi profe de ética y geografía, Ariel, que es un desastre escribiendo y que exige más color en la carpeta. A él que pierde más tiempo contando chistes o hablando de los chicos que faltaron hasta media hora antes del recreo, y entonces se pone a explicar un tema que en 5 minutos queda más que entendido que si hubiese hablado una hora. A él que es un profe de vocación, y que se sabe toda la Constitución Nacional.


A mi profe de tecnología, Eliana, con la que hay que llevarse bien. La que se pone a hablar con las chicas de temas varios pero que en 10 minutos, antes del recreo, nos dicta todo lo que aprendió en la facultad. Esa que se hace respetar, con la que nos tenemos que parar para saludarla y a veces bancarnos sus gritos por nuestro bien.


A mi profe de inglés, Mabel, que me hace sentir súper alta cada vez que me acerco a ella.
Y a mi profe de ingles particular, María Inés, que siempre me pregunta: “¿cuándo los argentinos vamos a hacer algo por nuestras vidas?”. A ella que no se puede quedar con la duda y va corriendo a disiparla en uno de los 200 diccionarios que tiene. A ella que aunque venga un huracán no va a dejar de dar clases.


A mi profe de lengua, Yolanda, que sin el libro no puede dar clases. A ella que a veces estudia en su casa y a la mañana siguiente nos da una lección de lo que estudió. A ella que siempre le chusmea a la Orientadora lo que hacemos, pero en una versión “un poquito” más exagerada.
A mi profe de educación física, Isabel, que cuando nos ve jugar volley en los intercolegiales no sabe dónde esconderse.


A mi profe de biología y tutoría, Erica, que es una ídola. A ella que posee tanta sabiduría y que al responder una pregunta, su explicación no termina más. A ella que nunca te da un 10 en su examen porque siempre te encuentra algún error de ortografía. A ella que puede convertir una pregunta tan fácil en algo que te hace buscar en partes de tu cabeza que no sabías que existían.


A mi ex profe de artística, Laura, que ama tanto pintar y dibujar que además de corregir los trabajos, los arregla. A ella que siempre lleva a la escuela regla, lápiz, goma, tijera y demás, porque sabe que el resto no va a traer.


A mi profe de historia, Rosana, que sabe tanto que no sabe por donde empezar y solamente cuenta y habla y habla y se adelanta al año 1.900 pero después vuelve a 1810 y termina en la era paleolítica.


A mi profe de portugués, Griselda, que hace su mejor esfuerzo por ganar nuestra atención pero nosotros le decimos “es muy viernes” y ella nos contesta “si es viernes porque es muy viernes y si es miércoles por que es muy miércoles”. A ella que le decimos teacher por que no sabemos portugués.


A mi profe de modelaje, María Leme, que no solo nos enseñó si no que aprendió de sus alumnas. A ella que nos enseñó que para ser modelo no sólo tenés que tener linda cara. A ella que no nos deja comer chicle hasta que aprendamos a masticar.


A ellos porque nos enseñan todos los días, que vienen cansados y aparentan tener todas las pilas. A ellos que tratan de estar de buen humor y sin embargo a veces los sacamos de las casillas. A ellos que a veces son nuestros cómplices. A ellos que tienen que entender letras espantosas como la de David, o hacer muchos renglones en el examen para letras grandes como la mía. A ellos que siempre defienden a las chicas, a ellos que siempre defienden a los chicos y aquellos que no nos defienden porque nos equivocamos en serio.


Gracias por ser mis profes. Gracias por ser Profesores, y gracias por bancarnos todos los días. Feliz día, mis Profes.

Peke Gates.